Estas señales se hacen presentes cuando la persona no es sincera ni consecuente con sus gestos, provocando así dos señales distintas que pueden darle la sensación al interlocutor de que hay algo raro en ella; por ejemplo cuando alguien se ríe y a la vez tiene los puños cerrados muestra por un lado felicidad pero por el otro una actitud agresiva.
Si los actos son conscientes la persona mentirá más con su cuerpo mientras que si son inconscientes pasará todo lo contrario. Según lo anterior, Morris establece una escala de credulidad que se dividen en:
*Señales autónomas: son las más seguras porque son más difíciles de manejar. Por ejemplo, es imposible controlar actos como ponerse pálido, o transpirar aunque algunas personas como las actrices son capaces fingir cuando quieren.
*Señales de pierna y pie: cuando hablamos con alguien casi siempre fijamos nuestra atención en la parte superior del cuerpo del otro, dejando de lado la parte inferior que es prácticamente ignorada por el interlocutor; sin embargo, esta zona puede ser clave en la comunicación no verbal. Puede ser el caso de la persona que parece estar interesada con nuestra charla y sin embargo mueve el pie rítmicamente. Otro caso es tener las piernas tensionadas mientras la cara está relajada o cuando la mujer se frota la pierna con su mano mientras su rostro es inexpresivo puede conllevar a un significado sexual.
*Señales del torso: la postura del cuerpo es una buena fuente de señales que emiten el estado de ánimo del individuo. Cuando alguien está nervioso es muy difícil que mantenga su cuerpo relajado y para una persona que esté aburrida no podrá tener una postura erguida. Este ejemplo se ve claramente cuando un estudiante escucha a su profesor o a alguien mayor y, aunque quiere mostrar interés, su cuerpo se va aflojando mostrando así cansancio.
*Expresiones faciales: las señales contradictorias son más difíciles de identificar en el rostro ya que estamos acostumbrados a mentir con nuestras expresiones faciales como la sonrisa o la carcajada pero gestos como estrechar los ojos, el brote de la vena de la frente o la contracción de las mandíbulas pueden traicionarnos. Un claro ejemplo es que cuando alguien sonríe tratando de esconder su tristeza, la comisura de los labios tiende a bajar aunque se haga el mayor esfuerzo por mostrar una gran sonrisa.
Se puede deducir entonces que los gestos son más creíbles mientras más lejos estén de la cara y entre menos se percate el individuo de ellas; si observamos a alguien sonriente pero con su cuerpo tenso, es mejor hacer caso omiso a la cara.

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